horneritos y casaC.A.S.A. es para los que estamos lejos de la tierra que nos vió nacer, de nuestra querida y recordada Argentina y la necesidad de acercarnos a nuestras tradiciones y valores en un sentir común que nos identifica.

Con el ánimo de recrear un rincón de nuestra tierra en San Antonio es que nació C.A.S.A. -hace 12 años-  con el afán de albergarnos como una inmensa morada que le dá bienvenida a sus socios y amigos.  Para que nunca olviden el olor de la tierra mojada junto al sabor de unos mates con los amigos, un libro de Borges o Cortázar, los paisajes de nuestra infancia, el gol que alguna vez gritamos con el corazón celeste y blanco que nos latía bien fuerte, la lágrima de alguna despedida y la sonrisa viendo el camino abierto delante nuestro.

Estamos llamando no solo a los argentinos sino a todos aquellos que se sientan atraídos por nuestra cultura y costumbres y quieran venir a nuestro encuentro.
          LOS ESPERAMOS!
Gracias a su colaboración podremos hacer que crezca nuestra C.A.S.A. en este rinconcito también al sur, pero esta vez al sur de Texas, en San Antonio.
G.F.C.

Como dice la cancion:

Conozco cielos, mares, rios, lares
y en mis mil andares nunca me
he olvidado de donde sali.
Tu sol me lleva de la mano
a cualquier rincon lejano
mi regreso tu no dejas de esperar.
Y ese espiritu, ese ambiente
que se ve en toda la gente
que ningun otro se puede igualar.
Porque vive muy profundo dentro de mi corazon
el recuerdo de los dias del ayer
No hay espina en este mundo
que me pueda hacer borrar
el amor por esa tierra que me vio nacer.”
– Soledad Pastorutti –

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Leyenda del Cerro de los Siete Colores

Dicen que, antes, cuando se formó el pueblo de Purmamarca, los cerros alrededor del pueblito no tenían colores. Eran iguales a todos los cerros que se conocen en el mundo. Eso les pareció aburrido a los niños y chicos del pueblo razón por la cuál le dijeron a los mayores que tendrían que hacer algo para así tener el lugar más lindo y menos monótono. Pero los padres no sabían que hacer y dejaban el cerro como estaba. Pensaron que los niños se acostumbrarían a la tristeza del cerro sin color tan como los padres ya lo habían hecho.

Pero los niños no se querían acostumbrar. Por eso se reunieron y decidieron que juntos solucionarían ese problema.

Juntaron los colores que encontraron y, cada noche, salieron de la cama y subieron al cerro. Siete noches siguientes repitieron eso y aunque les avisaron a sus padres, que estaban saliendo para colorear el cerro, no les creyeron y pensaron que sólo estaban jugando.

Los niños pintaron tanto hasta lograr el marco ideal y así el cerro les pareció perfecto.

Después de las siete noches los mayores se despertaron y no había ni un niño en su cama. Estaban todos desaparecidos. Decidieron entonces salir a buscarlos. Pero todo el pueblo estaba vacío de niños y comenzaron a preocuparse. Cuando ya no sabían, en donde buscar, se acordaron de lo que los niños habían dicho. Estaban todos juntos cerca de la iglesia del pueblo y levantaron la vista al cerro. En ese instante les saltaba el corazón de la alegría. No podían creer lo que estaban viendo. En siete colores el cerro estaba pintado y bajando el mismo se veían todos los niños del pueblo, abigarrados de pintura, corriendo, riendo y llenos de felicidad.

Desde ese día se festeja cada año el día de los siete colores en el pueblo de Purmamarca. Y desde ese día el cerro que esta cuidando el pueblo tiene siete colores.